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PLAISIR DE FLEURIR. MONIQUE BASTIAANS
A partir del próximo 21 de noviembre la artista belga Monique Bastiaans (Jemappes, Mons, Bélgica, 1954) presenta una nueva exposición en la Sala Parpalló en la que sus creaciones generan una perfecta simbiosis entre el arte y la naturaleza. La Sala Parpalló presenta Plaisir de Fleurir, una nueva exposición de la artista Monique Bastiaans (Jemappes, Mons, Bélgica, 1954) en la que genera una perfecta simbiosis entre el arte y la naturaleza. En Plaisir de Fleurir, Monique Bastianns convierte el antiguo refectorio del Monasterio de la Trinidad, hoy la Sala Parpalló, en un jardín floreciente. Los materiales sintéticos, como tejidos, plásticos, látex, siliconas, geles, fibra de vidrio, etc. modelan sugerentes figuras orgánicas que rodean al espectador en una seductora instalación. Una exaltación de la naturaleza que tiene por objetivo apelar a los sentidos y, sobre todo, a la capacidad de asombro y sorpresa del visitante. En su instalación transgrede el límite entre el espacio público y el privado. La adecuación al espacio de sus obras permite crear una naturaleza artificial, un jardín dentro de una construcción que, en este caso, pertenece a una institución pública. En términos generales, si pensamos en las funciones a las que están destinados los edificios institucionales, estos parecen sin vida; cuando acaba la jornada laboral y quedan vacíos, desaparece cualquier rastro de presencia humana. El espacio arquitectónico de la Parpalló parece cobrar de nuevo vida con la instalación de Monique Bastiaans que lo transforma en un paisaje onírico por el que nos invita a transitar entre sobredimensionadas estructuras florales de apariencia frágil. El espectador, o el transeúnte por este jardín de Bastiaans, queda envuelto en una instalación de gran fuerza teatral creada ex profeso para la Sala Parpalló, con una iluminación diseñada específicamente por Jordi Pla y una istalación sonora octofónica creada por Leopoldo Amigo, que se basa en sonidos de la naturaleza grabados y transformados electrónicamente en una mutación constante. Desde su estudio en la montaña de Chiva (Valencia), Monique Bastiaans traduce sus investigaciones artísticas en una constante exaltación de la naturaleza. Su compromiso medioambiental está presente en todas sus obras, aunque este proyecto difiere de muchas de sus intervenciones anteriores, en las que el medio natural era el receptáculo de sus obras. La artista nos invita a transitar por este paisaje onírico hacia una espiritualidad que va más allá del aspecto formal de sus obras; la contemplación de sus organismos vivos se traduce en una primera reflexión sobre la relación entre lo masculino y lo femenino, basándose una de las figuras centrales de la exposición en el icono de Marlyn Monroe. El recorrido físico por el espacio sugiere un camino espiritual, de introspección, propio del espacio conventual que ocupa ahora la exposición y que antaño fue el refectorio del monasterio. Se produce así un diálogo íntimo entre el jardín del claustro y el jardín creado por Bastiaans en el interior de la sala. A través de sus obras, Monique Bastiaans se propone acercarse al origen, buscar la esencia, el sentido de la vida en una exposición de gran vistosidad estética que se convierte así en un refugio de espiritualidad. El jardín (con vegetación real o, como en este caso, reinventada por una artista con materiales sintéticos) es siempre un artificio creado con la intención de reproducir en un espacio acotado un fragmento de la naturaleza; es en muchos casos un lugar de evasión aunque sus fines pueden ser también esteticistas (jardines italianos o ingleses), etc. La idea de jardín como espacio de reflexión y conocimiento recoge sus orígenes, por un lado, en la Grecia clásica, la escuela filosófica de Platón fundada en los jardines de Academo y, por otro lado, en la tradición bíblica (el jardín de Edén) cuya materialización es el hortus conclusus o claustro medieval. La naturaleza artificial reinventada por Monique Bastiaans entronca iconográfica y simbólicamente con el claustro de la Trinidad. Una de sus estructuras, una enorme flor al final de la exposición, se personifica en símbolo de las religiosas que aún moran el convento. En la Sala Parpalló, Monique utiliza las flores, caprichosas formas orgánicas, como medio para interpelar a un espectador e invitarle recorrer un camino espiritual. Monique Batiaans es licenciada en la especialidad de escultura, Academia de Bellas Artes de Utrecht, Holanda. Vive en España desde hace años y ha expuesto, además de en Holanda y España, en países como Suecia, Austria y Portugal. SALA PARPALLÓ - NUEVOS MEDIOS Enviado el 15 de Noviembre. Página principal ... |