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Marina Abramovic
“8 Lessons on Emptiness with a Happy End”

THEFAMILYIII-u.jpg8 Lessons on Emptiness with a Happy End es la obra más reciente de Marina Abramovic. Se trata de una videoinstalación que estará del 29 de mayo al 30 de junio en la Iglesia de la Laboral (Laboral Ciudad de la Cultura), en Gijón.
Transmite una profunda preocupación por los excesos de las representaciones contemporáneas de la violencia. Abramovic nos llena de impactantes imágenes a través de una compleja video-instalación en cinco pantallas que debe entenderse como contrapunto a las incontables atrocidades que vemos representadas constantemente.

www.teatrodelalaboral.com

La última pieza de Marina Abramovic transmite una profunda preocupación por los excesos de las representaciones contemporáneas de la violencia. Es la recreación de una guerra representada por niños.
La obra surge de la experiencia de Marina Abramovic en Laos, al observar que todos los niños tenían armas de juguete. A partir de ahí crea una compleja obra de vídeo multicanal. Junto con la video-instalación la Iglesia también acogerá una gran pantalla con la proyección Family Portrait, en la se puede observar a niños del lugar armados con sus juguetes de plástico que reflejan las diferentes fases de la guerra.
Marina Abramovic es una artista que defiende que, en la creación, hay que enfrentarse a las propias limitaciones; y ella lleva su arte hasta los mismos límites de resistencia de su propio ser.

Marina Abramovic recupera en la instalación la posibilidad misma de la catarsis teatral. “8 Lessons on Emptiness with a Happy End” es un claro ejemplo de cómo las imágenes pueden servir para crear entornos que los espectadores pueden penetrar y habitar. Los vídeos o las fotografías no son, en ningún sentido, documentos que imponen una distancia entre la obra y el espectador. Son, más bien, invitaciones a expandir ciertas capacidades sensuales y anímicas. Y es ahí, al ofrecer la posibilidad de experiencia directa, donde aparece la sorprendente dimensión de lo político.

Como ella misma explica: "Ignoro por qué decidí reunir todas esas imágenes de crueldad. Todo comenzó con la matanza de un cerdo a manos de un chamán en
Laos en honor de un espíritu. Pero la masacre de seres humanos que vemos por todas partes en Internet carece de todo tipo de cualidad redentora".
Al hacer esa afirmación, la artista rememora un texto que le es muy querido: el estudio de Susan Sontag titulado Ante el dolor de los demás.

Como en una reescenificación del texto de Sontag, Abramovic nos llena de impactantes imágenes de personas sufriendo, sugiriendo su publicación como parte del catálogo. Las imágenes que aquí se reproducen deberían reformularse dentro de la apelación de Sontag a la respuesta compasiva. La nueva obra de Abramovic, 8 Lessons on Emptiness with a Happy End, intenta suscitar ese mismo sentimiento compasivo en el espectador. La compleja video-instalación debe entenderse como contrapunto a las incontables atrocidades que vemos representadas por doquier. El título de la obra origina un particular tipo de vacío. El pensamiento oriental tradicional defiende que, si se quiere alcanzar la armonía entre el cuerpo y la mente lo primero que hay que hacer es vaciar esta última. Y es precisamente ahí donde Abramovic muestra el inicio de la transformación gradual que nos llevará, finalmente, al “estado elevado del ser”. Como Chrissie Iles explicó en 1995, durante más de treinta años Abramovic "ha venido utilizando técnicas de vaciamiento y transformación para crear las condiciones necesarias que permitan la transición de la propia artista y del público a un estado diferente". Hoy, continúa dedicada a la misma estrategia artística de transformación mediante un proceso de contemplación que en este caso se concreta en la creación de una compleja obra de vídeo multicanal realizada en Laos.

En 8 Lessons on Emptiness with a Happy End, Abramovic recurre a una estrategia performática de recreación de una guerra ‘estilizada’ para crear un psicodrama ritualista representado por niños y que se supone nos conduce a la purificación espiritual. En la obra, el sentido de espiritualidad de Abramovic se aproxima al uso de la noción de lo “espiritual” en Sontag, un concepto proclive a sufrir todo tipo de abusos y que fue ya frecuentemente utilizado por Sontag para convertir la concienciación en un imperativo para los compromisos políticos y artísticos en el mundo. Como Sontag, una intelectual laica de la que se llegó a afirmar que rescataba la espiritualidad de manos de sus habituales mercaderes – los píos, los hipócritas y los engañados - Abramovic restituye la espiritualidad al discurso del arte visual contemporáneo del que había sido prácticamente expulsada. Su fe en el arte, inquebrantable y legendaria por su compromiso ético, le obliga a actuar con una implicación personal tan absoluta como incondicional que excluye la repetición o la rutina. Marina Abramovic es una artista que defiende que, en la creación, el artista debe enfrentarse a sus propias limitaciones; y ella lleva su arte hasta los mismos límites de resistencia de su propio ser.


Si la visión de Abramovic resulta especialmente conmovedora es porque se niega a transigir en dos aspectos: el horror inherente a la guerra y la inocencia de la infancia. Abrumada por el exceso de imágenes impactantes en la sociedad mediática contemporánea y convencida todavía de la capacidad de desarme y redención del arte contemporáneo, la postura de Abramovic es la de un difícil estado de gracia.

Enviado el 26 de Mayo. Página principal ...