
Los temas sociales son el punto de partida de los trabajos de este artista, sobre todo a la hora de abordar unos proyectos en los que su intensa mirada hacia el otro le lleva a reflexionar sobre la desolación, la marginación, el deseo o la incomunicación, planteando al espectador cómo las imágenes median entre las realidades interiores y exteriores.
En una de sus series más conocidas, Alrededor del sueño (2001), Ángel Marcos dirige su cámara a la ciudad moderna por excelencia, Nueva York. Se detiene en sus afueras y contempla desde allí ese mundo distante de rascacielos y remotas vidas ensimismadas. Un espacio de escombros, de basuras, de vallas de hormigón, de charcos, de lugares deshabitados, se interpone siempre entre nosotros y la ciudad lejana, entre vista en la niebla más como un espejismo que como una promesa. Ángel Marcos contrapone al mundo real el mundo idealizado y ficticio de las imágenes publicitarias. Estas imágenes, que aparecen en vallas publicitarias, hablan de ese mundo de deseos y ensueños que esperamos ver realizados en la ciudad, pero también nos advierten del peligro de irrealidad que nos aguarda si nos dirigimos a ella.
En Cuba (2004), su última serie, Ángel Marcos continua su investigación. Ángel Marcos visita La Habana y fotografía sus calles. Si en Alrededor del sueño (2001) eran las imágenes de la publicidad las que invadían el espacio urbano, aquí serán los emblemas y las frases de la ideología. La Habana esta llena de ellas, revelando el poder omnívoro del Partido. Pero Ángel Marcos no se limita a constatar ese poder, por otra parte demasiado evidente; quiere mirar más allá. Por eso elige un momento en que tales consignas han perdido fuerzas y apenas son otra cosa que palabras e imágenes gastadas sobre las paredes de las casas. El discurso ideológico, como un sortilegio que ha perdido su poder, se desdibuja y vemos surgir una ciudad casi deshabitada, un mundo de fantasmas y de lejanas presencias. Pero basta con observar atentamente ese mundo para descubrir también en él un reino infinito de esquinas, de pasadizos y presentimientos. Al fondo, siempre se ve el mar, el cielo, pequeños espacios por donde se cuela la luz. Las fotografías componen delicados espacios de espera. En una de ellas, una mujer camina hacia un horizonte desdibujado por la luz con un ramo de flores.
La serie entera compone una hermosa crítica al pensamiento, a la ideología del poder absoluto y excluyente. Las tareas de la fotografía es mostrar cómo son las cosas, no revelarnos su significado. En lugar de una hermenéutica, Ángel Marcos quiere ahora una erótica del arte. El fotógrafo, como Acteón, vive para sorprender el baño de la diosa. Convocar la transparencia que haga visible lo real es la única búsqueda de ese arte poético de la espera que es la fotografía. Su reino solo puede ser el reino dulce y doloroso de Eros.