la ::comunidad artística:: online

Membrana.

Autor: Roger Caparó

Del 30 de junio al 30 de julio.

Antic Ajuntament de Tarragona
Major, 39
43003 Tarragona

memebrana.jpg

membrana f 1 ANAT Estructura anatómica formada por una lámina delgada, blanda y flexible, con misiones fundamentalmente protectoras o de unión. 9 membrana celular Capa continua que tiene como función fundamental la regulación del intercambio de materias entre el citoplasma y el medio externo. 2 ARQUIT Cada una de las estructuras curvas y muy finas, (…) que trabajan con esfuerzos normales, repartidos con regularidad.

“No hay manera de separar la obra que hacemos de la obra que nos hace”

Perejaume

Con el nombre de membrana Roger Caparó titula un objeto, un proceso, una acción, y una exposición o un recuerdo; una membrana o miembro que pasa a ser una extensión de él mismo.

EL OBJETO Y EL PROCESO
Dentro del laberinto, busca la salida y, para hacerlo ganando tiempo, teje el que será el vestido de la tierra, como en la vida, en un juego de contradicciones, deshaciendo para volver a rehacer, destruyendo para dar una nueva forma, haciendo visible aquello que de tan cotidiano no lo era: unas bolsas de plástico blanco.

En una pequeña aldea de Turquía, donde presumiblemente se refugió la Virgen, el visitante anuda, en una gran red metálica, pequeñas lazadas de tela y/o papel donde previamente hay escrito un pensamiento o un deseo. En este caso, en la membrana se recoge el deseo contenido del autor que, como Aracne del presente al darle forma, crea la red que le protege. Red que nos remite en muchos aspectos a otros trabajos anteriores de Roger, como en la serie gráfica del año 2005, donde las roderas cruzadas de los tractores en los caminos pasaban a ser laberintos ordenados y redes con entradas y salidas —donde el hecho de deshacer la tierra equivalía a construir el lugar—, o en las obras recogidas con el título de Ecce Homo del mismo año, que se convertían en una radiografía de su propio yo.

El objeto previamente airbag de la tierra se convierte finalmente en un espejo de metáforas: de la vida, del tiempo y del momento, y de la memoria, que —como esta obra— también es blanca y también se mueve dependiendo de cómo sopla el viento, y se modifica y se altera con el paso del tiempo. La red es el dibujo deshecho y rehecho para poder construir y abastecer de fisonomía el paisaje (1) y finalmente poder ver reflejada en él nuestra identidad.


LA ACCIÓN Y EL LUGAR
Caparó, dado que es imposible reproducir el mundo, (2) ha considerado que lo más coherente es coger un fragmento y hacer con él una grafía, un volumen o un relieve y devolverlo al mundo. Es precisamente esta puesta en escena, esta acción de llevarlo al lugar, lo que se convierte en la mejor representación del territorio, pese al azar de la propia voluntad contrariada, pese al final. Lo importante es esta acción, este ritual de verdades que configura la propia representación y que hace encontrarnos con la identidad del mundo, con nuestra propia identidad. Al coger el objeto (las bolsas de plástico en origen en la tierra pero reconfiguradas) y devolverlo al mundo a través de un territorio, hace que las contradicciones del ir y el volver originen unas confusiones y que de estas se obtenga el dibujo del territorio, el verdadero dibujo del mundo. En ese proceso el dibujo del mundo, ya que espejo, nos dibuja a nosotros.

Imaginaos que alguien fabrica una Virgen (de plástico o de madera) y la deja en un lugar; un tiempo después alguien encuentra este ready-made y le da un sentido quizá ingenuo. El artista aquí es honesto, y en la búsqueda de la verdad fabrica su propio icono, la toma del lugar y la devuelve ahí con una nueva fisonomía. Si para un creyente cualquier Virgen insertada en un paisaje —pintado o real— es su esencia, la “Virgen” de Caparó es la membrana (parte externa de la tierra) que vuelve a la tierra y nos hace tomar conciencia de lo que se esconde, sin la niebla (3) que la rodea, y lo hace a plena luz, a plein air, sin mentiras. Ya que algo ajeno a un territorio —como en este caso— nos hace más conscientes de este y de su fisonomía.

Este biombo de la tierra permite al autor habitar el territorio. Esta metáfora de la cabaña del presente o de la verdad y del lugar le permite también habitar y manifestar el territorio del yo y del otro. Escribe el tiempo y el lugar (lo testimonia y lo dibuja); si en obras anteriores lo enterraba, aquí lo desentierra. Al convertirse en cabaña, (4) la función del objeto es la de proteger el paisaje. ¿O nos protege a nosotros del paisaje? La primera opción es la acertada, ya que al protegerlo de lo ajeno nos protege a nosotros mismos, en un acto que nos hace volver a mirar alguna de las obras de René Magritte, como el cuadro Las tierras de Arheim, (5) donde la montaña protege la vida.

Al llevar el objeto al lugar, el autor pasa a ser un viajero ante un mar de tierra,(6) de viento, de luz, de sonidos…, como hemos dicho, sin niebla,(7) que le dará identidad en la búsqueda de lo externo, ya que somos lo que no somos y por lo tanto los otros o el lugar hacen que podamos ser.

Si en los últimos tiempos ha habido una huida del entorno para construir paisajes mediáticos o paraísos artificiales, en este trabajo se vuelve a los orígenes, al lugar, sin miedo y sin transformarlo, adaptándose a él y reconvirtiendo su piel en un elemento que resalta su fisonomía sin comunicaciones artificiosas ni falsas identidades, por lo que la respuesta que obtiene es honesta. Si para los románticos el paisaje ya era nuestra propia representación de la identidad, el artista aquí no intenta imitar la mímesis del mundo sino dar identidad al suyo y a su territorio: pese a poder considerarse un nuevo Ofelio o una nueva Ofelia que se ahoga en un mar de plástico, no denuncia ni hace falsos ecologismos: se adapta a él y lo trabaja sin tocarlo.

Perejaume dice a menudo que el terreno siempre tiene razón, y es esta razón la que transporta a Roger al final del proceso de experiencia de su territorio más próximo (pero de tierra adentro) hasta el agua, el mar, cerrando el círculo, encontrando el mundo, encontrándose en aquello donde al principio no se reconocía, allí donde no se veía —quizá porque no miraba—, y es eso lo que le permitirá continuar o volver a empezar.

El acto o acción ha sido efímero, y la soledad del autor en el paisaje lo ha convertido en un proceso único. El hecho de no hacernos partícipes de su experiencia directa hace que se haya transformado en un proceso individual y todavía más único, y esta unicidad le ha permitido identificarse, ya que —como dicen los campesinos— “la tierra te devuelve lo que le das”.


LA EXPOSICIÓN Y EL RECUERDO
A pesar de esta experiencia única e irrepetible, Roger Caparó construye un homenaje y en honor a la membranza (8) nos presenta lo que ahora son sus fetiches:

La membrana (la idea y la vida), que en la acción pasa a ser ventana dentro de la ventana. Como en El reconocimiento infinito, (9) donde Magritte presenta dos hombres encima de un árbol mirando el mundo: aquí el gran fetiche, al interactuar en el medio, es una pregunta al mundo y la respuesta es, como la obra de Magritte, un hombre nuevo, un Roger nuevo. Este documento —ya que el hombre tiene una memoria frágil— le permitirá a él mismo recordar quién era y, si es preciso, redefinir con el tiempo su propia identidad.

Las fotografías (los tiempos y el silencio), mediante las cuales ha conseguido retratarse para no olvidarse, (10) para volverse a encontrar, y que le permitirán redefinirse. La cámara ha sido, pues, la herramienta utilizada para memorizar las imágenes que ahora son la muestra de los procesos físicos: ha congelado el movimiento, ha raptado/captado imágenes inapreciables en lo real, ha registrado la luz y nos ha transmitido el testimonio. Una vez más aparecen las contradicciones constructivas del proceso: de lo real ha pasado a ser la ficción y esta, en un acto de reflejos, nos ha devuelto a lo real individual, y eso permitirá nutrir al espectador y al artista de identidad.

El vídeo (lo real y lo imaginario), donde el tiempo está presente y donde se nos remite al momento, por tanto a lo fugaz, y donde la presencia casi invisible del territorio nos transporta a lo efímero y a la nada, al no. Pasa lo público a lo privado y privatiza en el mismo juego al público. Como lo que no vemos o escuchamos no existe, Caparó da sentido y existencia al paisaje, y gracias al documento los elementos externos se nos manifiestan: nos hace conscientes del sonido, gritos de plásticos de las heridas del lugar, del aire que sopla defendiéndose en forma de viento que peina el paisaje y los pájaros que le acompañan, vemos la luz que traspasa su membrana. Son justamente estos elementos los que la membrana manifiesta, son externos y de alguna manera ajenos, pero en este medio se nos manifiestan y son los que nos hacen ser plenamente conscientes de la existencia del territorio, de la tierra y de su fisonomía, pese al juego entre lo que aquí se evidencia de lo que se esconde y de lo que se deja ver.

Los dibujos (el pasado y el futuro) son su recuerdo, y en el acto de dibujar la membrana se mimetiza con el lugar. Una membrana dibujada que es “una tela o lámina delgada y flexible de tejido orgánico, destinada a envolver y proteger ciertos órganos, a absorber, exhalar o segregar ciertos fluidos”. Dado que esta representación física ha sido posterior a la acción y basada en el proceso memorístico —como de adoración al ídolo—, el amuleto se ha convertido en tierra y tejido al mismo tiempo y denota haber encontrado lo universal en lo local, en el lugar.


EL ESPEJO
El hecho de vivir, el hecho de perderse, el hecho de buscarse, hace que nos percatemos de la inutilidad de los esfuerzos, y el hecho de pararse nos da puntualmente sentido y nos da perspectiva del principio y del final. Para Roger el paisaje antes era plano, durante la acción ha pasado a ser horizontal y vertical, y finalmente ha descubierto que el mundo es redondo; con la llave de los campos (13) en el bolsillo ha encontrado el final para volver a empezar, ha alcanzado el mar y el agua le ha dado vida, lo ha saciado momentáneamente y le ha limpiado el espejo. En todo el proceso, ha descubierto —mientras realizaba la radiografía del territorio— sentirse cómodo, ya que finalmente ha conseguido unificar el yo y el otro. Si en obras anteriores las expresiones de múltiples conurbaciones denotaban su propia pérdida del sentido de orientación, recorriendo el paisaje con su miembro (14) consigue nutrirse de identidad, pues, como dijo Diderot, no hay otro individuo que la totalidad, y el verbo se afianza en quien lo expresa, al vestir la tierra el autor se viste, al mirarla se ve, y eso le permite encontrarse en la línea continua que le sitúa en el presente.

Leonardo da Vinci intentó volar, y para hacerlo planeó un artilugio. Andy Warhol hace volar con almohadas de plata su propio reflejo y el de quienes le acompañaban. Roger Caparó, finalmente, vuela, buscando al otro se encuentra: aquí el artilugio ha sido la membrana, y el espejo, el mundo.


Foll és aquell qui’l vent fermar volia Ausiàs March

Àlvar Calvet

__________________________________________________________


1 Perejaume también hace referencia a ello en sus dibujos para deshacer la posibilidad, mientras camina, de dibujar y poder abastecer la fisonomía del paisaje.

2 La única manera coherente de hacerlo sería a escala 1:1.

3 Aquí metáfora del no ver, pero haciendo también una referencia a las obras de Leonardo como la Virgen de las rocas con su sfumatto.

4 Ya que la habita y ya que vestido, podemos decir que hábito.

5 René Magritte, Las tierras de Arheim, de 1938, donde la montaña se convierte en pájaro que vigila incesante la vida, representada en forma de huevo. Al observar esta pintura uno se ve también observado, y en este ir y venir de miradas, uno se encuentra.

6 Aun así, al final de la acción Roger llegará también al mar de agua, a Cambrils.

7 Si en l’obra de Friedrich la niebla es el misterio, aquí se busca la verdad, la luz es su fondo y el hecho de ser agnóstico es lo que nutre a este trabajo de clarividencia.

8 membranza f ant Recuerdo, el hecho de recordar una cosa pasada. membrar v ant 2 intr Venir a la memoria.

9 El reconocimiento infinito, de 1946, es una obra de Magritte donde dos hombres nos aparecen encima de un árbol contemplando el mundo, y al mirar nos encontramos, nos desdoblamos, ya que el mundo/paisaje no es más que un espejo. En otra de sus pinturas anterior a esta, El falso espejo, de 1936, Magritte ya nos habla de esta contemplación, donde un ojo mira el paisaje. De hecho, al vivir se busca el placer, y no hay nada que dé más placer que el conocernos en el mundo.

10 Y hablando del recuerdo, una vez más me trae al pensamiento una obra de Magritte, La memoria, de 1948, donde el artista representaba, enmarcados en un paisaje, una nube medio insertada (como un cerebro) en una frágil copa de cristal.

11 Dibujar equivale aquí a recordar, y al mismo tiempo del recuerdo surgirá el dibujo.

12 Según el diccionario Alcover-Moll.

13 Obra de René Magritte, La llave de los campos, de 1936, donde el paisaje se convierte en cristal/espejo o reflejo de quien mira.

14 Membrana considerada aquí como un fragmento del autor, como parte de él mismo.


CATÁLOGO ROGER CAPARÓ

Enviado el 06 de Julio. Página principal ...